La
afirmación de que el Basilisco es el Rey de las Serpientes, es casi lo
único que no ha cambiado a lo largo del tiempo, en la descripción de esta fabulosa criatura.


Plinio
el Viejo, en el siglo I, lo describe como una pequeña víbora de
cualidades venenosas tan potentes, que su simple aliento marchita las
plantas, resquebraja las rocas y mata cualquier hombre o animal sólo
con su mirada. Esta apariencia del Basilisco se mantiene hasta la
publicación del "Bestiario", de Pierre de Beauvois y otros
autores medievales que recogen gráficamente lo que la imaginación
popular fue añadiendo a la figura y carácter del Basilisco. Acerca del
modo en que nace existen estas dos versiones principales.

La
primera de ellas, nos cuenta que de la sangre que vertió Medusa al ser
decapitada, nacieron todas las serpientes, incluido el Basilisco, que
emite horrendos silbidos capaces de aterrorizar a todos los otros monstruos; mata
antes de morder y a gran distancia, poniendo en fuga a todo ser viviente para reinar solo en el desierto, pues en desierto se convierte
todo lugar al que llega. Hereda de su madre la capacidad de matar con la
mirada pero también su vulnerabilidad, pues si su mirada se refleja en
un espejo, muere.

La
segunda dice, que cuando un gallo alcanza los siete años de vida, pone
un huevo que será fecundado por una serpiente e incubado por un sapo
durante nueve años. De esta extraordinaria gestación nace el
Basilisco, guardando las características de todos sus progenitores.
Tiene el cuerpo de gallo, cola de serpiente y piel de sapo. Cualquier
hombre que mire el Basilisco morirá, pero si el hombre divisa primero
al Basilisco, es éste quien muere.
El
Basilisco tiene una larga y complicada historia entre los mitos y
entronca con casi todas las creencias y religiones. También la Iglesia
Católica vence al Basilisco por medio de San Trifón y en Isaías, 59.5,
se lee: "...El que come de sus huevos muere y, si los incuban, salen
basiliscos"